Inversores siguen mostrando desconfianza en Argentina - Cohen & Aguirre Lobby Solutions

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lunes, 11 de diciembre de 2017

Inversores siguen mostrando desconfianza en Argentina

Argentina se encuentra en el listado de economías emergentes frágiles, según Standard & Poor's/Archivo

El gobierno argentino se encuentra con una dura realidad: La desconfianza por parte de los inversores a la hora de llevar su capital a Argentina. 

T/ElObservador.com

Mauricio Macri está comprobando en persona una de las verdades menos agradables de su presidencia: le resulta mucho más fácil cosechar aplausos –e incluso hasta ganar elecciones– antes que convencer a los inversores de que es momento de destinar capital en Argentina. En los últimos días, la euforia por la victoria en las elecciones legislativas fue algo opacada por una serie de señales de desconfianza por parte de los inversores.

Como el lapidario informe de la agencia Standard & Poor's, una de las principales calificadoras de riesgo crediticio, que incluyó al país en un listado de economías emergentes "frágiles" –junto a Turquía, Pakistán, Egipto y Catar– que podrían entrar en crisis por su alto nivel de endeudamiento. Ni siquiera los mejores amigos de Macri se privaron de señalar los puntos débiles.

 Lo vio el presidente en su reciente viaje a Nueva York. La visita, que no contó con actividades diplomáticas, tuvo el único propósito de presentarles a empresarios estadounidenses sus planes de reforma económica y persuadirlos de que "ahora sí" era el momento de traer los dólares. "No hay mejor lugar para invertir en el futuro cercano que en Argentina, por las potencialidades enormes que tenemos", dijo Macri en las oficinas de Manhattan que le cedió el fondo de inversiones BlackRock, donde su amigo Larry Fink le organizó una reunión con ejecutivos de primera línea. 

Sin embargo, el propio BlackRock, en un informe a sus clientes, después de remarcar las grandes oportunidades que ofrece Argentina, tampoco se privó de marcar los "pero". "Los riesgos son los grandes déficits fiscales y de cuenta corriente, que hacen que Argentina dependa del capital extranjero y sea vulnerable a los movimientos de divisas", remarcó el texto. 

 Ante esa desconfianza, la estrategia de Macri es reforzar la noción de que el país tuvo un punto de inflexión. En cada una de sus reuniones con empresarios, el presidente habla del crecimiento de la infraestructura del país, de sus recursos naturales, del megayacimiento de petróleo en Vaca Muerta hasta las posibilidades que ofrece el litio en la región norte. 

 Pero, sobre todo, habla de política. Sostiene que su victoria electoral es la demostración de un cambio cultural, de la toma de conciencia de la sociedad sobre el costo a largo plazo de las "fiestas populistas". Sin embargo, el mensaje no termina de ser asimilado

. De hecho, la sensación existente en el gobierno argentino es, por poner una metáfora futbolera, que todo el tiempo "les corren el arco". Al principio, algunos se ilusionaron con que el solo hecho de un cambio de gobierno, con la llegada de un presidente "market friendly" y que abandonara el discurso agresivo de intervencionismo estatal sería suficiente para desatar una lluvia de inversiones.

 No ocurrió, naturalmente, y entonces la esperanza fue que los dólares llegarían luego de que se llegara a un acuerdo con los "fondos buitre" para dejar atrás los 15 años de default y poder regresar al mercado de crédito. Se hizo, pero los dólares seguían entrando en cuentagotas, salvo, claro está, los de las efímeras colocaciones financieras. 

 De hecho, la inversión extranjera directa ronda apenas el 2% del PIB. Y el país sigue ranqueando bajo en las preferencias regionales: recibe un 3% de los desembolsos extranjeros que llegan a América latina, cuando en los años 1990 supo acaparar el 25%. Lo que se percibió desde el cambio de gobierno fue una situación ambivalente, porque Macri recibía aplausos y elogios en cada foro empresarial en el que se presentaba, así fuera nacional o internacional. Pero lo que los inversores querían saber era qué tanto consenso social tenía la política económica de Macri, que en ese momento estaba en dificultades para imponer un ajuste tarifario después de una década de precios congelados en los servicios públicos. 


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